TEMPORAL DE 1826: RECONSTRUCCIÓN DE SUS CAUSAS Y SUS CONSECUENCIAS EN LA ISLA DE TENERIFE

Imaginemos por un momento, que un temporal como el que afectó a las islas en 1826, golpeara Canarias en 2020.

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Imaginemos por un momento, que un temporal como el que afectó a las islas en 1826, golpeara Canarias en 2020. En la presente investigación queda demostrado que, con los datos recabados, la tormenta de 1826 conocida como la tormenta de San Florencio y ocurrida durante los días 7 y 8 de noviembre, significó el evento catastrófico de origen natural, más importante en la historia de Canarias. Si sabemos observar un fenómeno extremo como aquel, bajo las circunstancias actuales en las que permanece la cultura de la especulación a través del desarrollo desproporcionado de infraestructuras, muchas de ellas ejecutadas en el transcurso de las últimas cuatro décadas y que ha derivado en la consiguiente modificación del terreno (ver figura, página 50, de la red hidrográfica histórica y actual del Valle de Güímar), seguro que seremos perfectamente capaces de imaginar el escenario que provocaría semejante suceso meteorológico, mucho peor y más apocalíptico para nuestras islas, que el ocurrido en noviembre de 1826.

El trabajo de investigación, llevado a cabo por José Francisco Bethencourt, Pedro Dorta y Constantino Criado “EL TEMPORAL DE 1826: RECONSTRUCCIÓN DE SUS CAUSAS Y SUS CONSECUENCIAS EN LA ISLA DE TENERIFE”, constituye un interesante estudio atmosférico, cartográfico y de daños, que permite reconstruir de forma aproximada lo sucedido, y demostrar la hipótesis de que la tormenta de 1826 ha sido, por lo menos, una tormenta tropical.

Perturbaciones de gran violencia han afectado al archipiélago canario, incluso con mayor intensidad y provocando más daños que el recordado episodio meteorológico extremo, que supuso la llegada hasta las islas de la tormenta tropical Delta. El presente trabajo, pretende a su vez, ser una síntesis de referencias bibliográficas, atendiendo a las informaciones extraídas de los principales archivos de Tenerife: Fondo Documental del Archivo Municipal de Santa Cruz de Tenerife y el Archivo Histórico Provincial, también informaciones consultadas en documentos eclesiásticos y referencias periodísticas (trabajo de campo).

“EL TEMPORAL DE 1826: RECONSTRUCCIÓN DE SUS CAUSAS Y SUS CONSECUENCIAS EN LA ISLA DE TENERIFE”, toma como ejemplo explicativo al Valle de Güímar y al Valle de La Orotava. Para reconstruir el comportamiento del temporal en Tenerife, aporta datos concluyentes de los daños ocasionados, destacando las muertes registradas en municipios del norte y noroeste, sureste y actual zona metropolitana.

Los principales efectos que enumera la investigación hablan de una catástrofe a todos los niveles y escalas, con vientos muy intensos de componente sureste, suroeste y noroeste y precipitaciones fuertes de carácter torrencial, señalando que en muchos lugares se superaron los 250mm en 24 horas. Las rachas de viento sobrepasaron los 150km/h, viéndose las estructuras de determinados edificios dañadas de forma muy severa. Dos hechos que figuran en los textos históricos, pueden ilustrar la dimensión de la catástrofe: voló el campanario de la ermita de San Juan en Güímar y cayeron millares de pinos en Anocheza, emplazamiento natural extensamente poblado de pino canario.

Otro elemento de especial relevancia que arroja la investigación llevada a cabo por José Francisco Bethencourt, Pedro Dorta y Constantino Criado, es la rápida y acusada caída de la presión barométrica que tuvo lugar tanto en la tormenta tropical Delta como en la tormenta de San Florencio, no dándose en las borrascas que arriban a Canarias, un descenso tan brusco y en tan poco tiempo de la presión barométrica.

Las conclusiones finales del presente estudio de climatología histórica, elaborado por Bethencourt, Dorta y Criado y centrado en la ocurrencia del episodio extremo del 7 y 8 de noviembre de 1826, se dirigen hacia la apertura de un debate en el que deben participar administraciones públicas y determinadas empresas privadas, como expertos en el estudio del clima, porque es evidente que el cambio climático no debemos desligarlo de eventos como el Delta o el acercamiento a las costas de la península de ciclones tropicales como Vince y Gordon en periodos relativamente recientes, pero este tipo de perturbaciones no solo son debidas al cambio climático, porque ya se han producido en el pasado (diciembre de 1975, por ejemplo) siendo tormentas de una magnitud considerable, con daños producidos en todas las islas y en todas las orientaciones, descartándose posibles fenómenos locales de carácter convectivo.

Los efectos del cambio climático, aunque solo podrán intensificar los peligros asociados a fenómenos meteorológicos extremos, no pueden servir de excusa para eludir la asunción de responsabilidades a quienes corresponda.

Fuente José Francisco Bethencourt, Pedro Dorta y Constantino Criado

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