LAS LLUVIAS ARTIFICIALES O PROVOCADAS EN GRAN CANARIA A PARTIR DE 1975

Las lluvias artificiales forman parte de un material informativo que ha quedado poco menos que olvidado en las hemerotecas durante décadas.

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PROGRAMA EXPERIMENTAL (15 DE OCTUBRE 1975-MARZO 1976)

 

Las lluvias artificiales forman parte de un material informativo que ha quedado poco menos que olvidado en las hemerotecas durante décadas. En Canarias, hubo un proyecto de siembra de nubes para la generación de precipitaciones de origen no natural, relativamente poco conocido que se llevó a cabo, siendo descartado por el evidente desconocimiento a la hora de evaluar los posibles riesgos para la población.

Nos centraremos, en el presente trabajo, en los programas del Cabildo de Gran Canaria desde 1975 hasta 1992 para producir este tipo de precipitaciones.

Lluvia artificial en Gran Canaria

Experiencias de lluvia provocadaEn dicho periodo objeto de evaluación, hay dos fechas significativas, el 19 de febrero de 1985 (martes de carnaval) y el 16 de febrero de 1989. Intentaremos establecer una relación de causalidad, entre las fechas citadas y las campañas para intensificación de las lluvias en la isla de Gran Canaria.

Pero antes de profundizar en la materia que nos proponemos desarrollar, sería conveniente aclarar la definición de lluvias artificiales, entendiendo como tal y en términos formales, que es la siembra de nubes realizada generalmente por avionetas, con el objetivo de aumentar la precipitación, supresión de granizo y niebla en zonas aeroportuarias, constituyendo una forma de manipulación del clima lejos de cualquier interpretación malintencionada y conspiranoica. Generar precipitación de forma artificial en una determinada región del planeta no significa, en modo alguno, una alteración del clima global y ni hay ni ha habido ninguna campaña para la eliminación de lluvias en una región concreta. La siembra de nubes significa, precisamente, la acción contraria. A través de la liberación en el sistema nuboso de yoduro de plata, se acelera y promueve el crecimiento de la nube, potenciando la formación de partículas de precipitación que terminan cayendo desde dicha nube a la superficie terrestre.

 

Julio de 1975

 

El Ministerio de Agricultura del Gobierno de España, se pone en contacto con empresas que pudieran llevar a cabo la ejecución de programas de estimulación de precipitaciones. A la convocatoria emitida por el ministerio, respondieron distintas firmas, tanto españolas como estadounidenses o italianas, siendo elegida “por si se hace necesaria y urgente la actuación, ante la grave situación que atraviesan los cultivos en las Islas Canarias por la prolongada sequía» la empresa Servicios Agrícolas Aéreos, S. A(SAASA), de España.

Pero entremos en materia. El método de actuación era sencillo. El avión volaba dentro de la nube y arrojaba un agente de siembra que solía ser o yoduro de plata o cloruro de sodio dentro de dicha nube, aproximadamente a 1/3 de la distancia entre la base y la cima. No se recogía ningún dato referente a la microfísica de la nube, no se disponía de radar y el único parámetro de decisión de siembra era el conocimiento aproximado del contenido de agua líquida de la nube, mediante la visualización de la condensación en el parabrisas del avión y de las velocidades ascensionales de la nube por las ascendencias del aparato. Tampoco hubo aleatorización de las decisiones de siembra. Las actuaciones se extendieron desde el 15 de octubre de 1975 al 15 de marzo de 1976 en Gran Canaria y en menor medida, en Tenerife (párrafo íntegro extraído del repositorio de la Aemet) “apuntes sobre la historia de los trabajos relacionados con la modificación artificial del tiempo en las Islas Canarias”.

El informe del SMN (Servicio Meteorológico Nacional), no emite opinión alguna sobre el éxito o el fracaso de la campaña, aunque todo apunta a que fue un fiasco. Un mes después del inicio de las operaciones, se habían realizado trece vuelos operacionales y las primeras siembras de estimulación se llevaron a cabo en el sector norte de Gran Canaria. Unos análisis provisionales, ofrecen resultados de un incremento medio de lluvia del orden de un 15%, dato muy poco probable, pero “válido” para justificarse ante la opinión pública.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

 

La sequía que sufrían las islas orientales en la década de los años setenta del siglo pasado, era dramática. A principios de 1975, las presas de Gran Canaria estaban prácticamente vacías y las rogativas religiosas para pedir que lloviera, promovidas por los feligreses, se llevaban a cabo ante una situación que empezaba a presentar características “catastróficas”. Las restricciones en el abastecimiento de agua para el uso doméstico sumaron una razón más para hacer efectiva la puesta en marcha de las experiencias de lluvias artificiales señaladas en el párrafo anterior.

El 30 de enero de 1975 el Cabildo de Gran Canaria pide la declaración de zona de calamidad pública al Gobierno del Estado. El ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria corta el agua los domingos a partir del 10 de febrero de 1974. La situación en Lanzarote (una desalinizadora llegó a la isla en enero) y Fuerteventura, es muy preocupante. No lo es tanto en las islas occidentales.

No habrá agua los domingos

Este primer proyecto, que abarcó 1975 y 1976, en medio de una vorágine coyuntural en todo el país por los hechos históricos que todos conocemos, fue a título experimental. De hecho, solo cabe destacar en nuestras efemérides meteorológicas, la visita de un ciclón subtropical los días 14 y 15 de diciembre de 1975, no estableciéndose relación alguna de causalidad con el programa de generación de precipitaciones de modo artificial. Aquellos días de mediados del mes de diciembre, todas las avionetas encargadas estaban en tierra. Además, los fenómenos tropicales no se adaptan a los requisitos de este sistema de generación de lluvias.

La experiencia no tenía nada que ver con la magia. Se trataba de un programa científico empleado con éxito en islas del Caribe y que fue encargado a la empresa «Servicios Agrícolas Aéreos», que desde su creación colabora con el Ministerio de Agricultura.

 

La lluvia artificial, un fracaso

En los años posteriores a los primeros ensayos llevados a cabo a mediados de la década de los setenta, continuaron los trabajos de mejora y perfeccionamiento. El doctor Howell presentó a finales de 1980, un informe sobre la campaña del invierno 1979-1980, en la que se realizó el primer programa que fue, sencillamente, de investigación y toma de datos, orientando los trabajos a un incremento de la optimización de los recursos técnicos. El material de tecnología avanzada del que se dispuso para la ocasión constaba de un radar situado en las cumbres de Gran Canaria, un contador de núcleos de condensación para tratar de determinar la estructura física de las nubes locales, así como otros equipos complementarios.

Todo este despliegue técnico, serviría para establecer los valores naturales de los parámetros necesarios para conformar el modelo numérico conceptual.

En el desarrollo del programa experimental se contaría con un avión laboratorio que realizaría funciones de medición, tales como definir el espectro de las gotículas y las gotas de precipitación, la temperatura, la humedad, la presión. Los datos resultantes de este proceso de medición quedaron registrados en una cinta magnética, por medio de un microordenador a bordo. El radar se utiliza para seguir la evolución de los ecos, tanto de las nubes sembradas como de las no sembradas, registrando en un disco, mediante ordenador, todos los datos recibidos para su posterior evaluación.

 

TERCER PROGRAMA (1982-1992)

La tercera campaña de investigación sobre las posibilidades de intensificar artificialmente las precipitaciones de lluvia en Canarias, trataba de un proyecto de investigación, continuación de otros anteriores, que tenía como fin la obtención de datos estadísticos, para, con la ayuda de otros organismos, determinar si en los períodos de lluvias propios de Canarias es posible y útil, provocar un incremento de los registros. Colaboran en el tercer programa de lluvias artificiales, el Centro de Estudios Hidrográficos del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, así como el Servicio de Recursos Hidráulicos, organismo internacional que depende del Ministerio del Interior de Estados Unidos.

Es en el transcurso de la ejecución de este tercer programa, cuando acontecen los episodios más trascendentes y mediáticos y que, muy probablemente, atendiendo al estudio de las consecuencias derivadas, dejaron de llevarse a cabo. Existe muy poca información en las hemerotecas y un alto grado de relativo oscurantismo, pero una vez consultadas las fuentes, sabemos que el martes de carnaval de 1985, un avión Islander BN-2AEC-CKL captó una nube candidata que se encontraba sobre la zona geográfica en la que interesaba que lloviera y la pulverizaba. Aquel día la intensidad de la lluvia fue de tal magnitud que el aeropuerto de Gando operó bajo mínimos y se llenaron las presas de la isla, algo similar ocurrió en 1987.

Quedaba sin resolver la duda de si este tipo de procedimientos para la generación de lluvias de forma artificial podía llegar a ocasionar inundaciones catastróficas.

Para ilustrar con documentación histórica vamos a retrotraernos a otra significativa efeméride que bien podría

El 16 de febrero de 1989, la nubosidad procedente de una onda del este tropical, y alimentada por una gota fría, generó graves inundaciones, registrándose importantes acumulados del orden de 180 mm en ocho horas en la capital grancanaria. El Cabildo lo negó, luego lo confirmó. Sabemos que el programa de lluvias artificiales que llevaba a cabo el gobierno insular tenía aquel día hasta las 6 de la tarde aviones siembranubes sobrevolando la isla.

 

Las lluvias artificiales en Gran Canaria

La posible efectividad, por exceso, le la siembra de las nubes que provocó el fuerte temporal quedará, por tanto, en el cierto limbo científico. El Cabildo de Gran Canaria confirmaría con posterioridad, que se sembraron las nubes de tormenta procedentes del este africano y que se dirigían hacia las islas, y se siguieron sembrando hasta que se decretó la alerta roja dos días después. No sabemos si fue, a “ciencia cierta”, la causa de una tromba de agua que originó el registro más alto en mm en la capital grancanaria desde que se cuenta con datos (140 mm en Ciudad Alta, 118 mm en el centro de la ciudad, 181 mm en Tafira, 187 mm en Temisas y 178 mm en Telde. Estos datos, que causan notable asombro, fueron recogidos en un espacio de tiempo que va desde las 14:00 horas a las 24:00 horas.

El tercer programa de generación de lluvias artificiales consistió en un proyecto de investigación que tenía como finalidad la obtención de datos estadísticos, para, con la ayuda de otros organismos, determinar si en los periodos de lluvias propios de Canarias es posible y útil provocar su incremento controlado.

Pero si lo anterior expuesto se confirma, erraron por exceso.

La lluvia artificial contribuye al caos

Avión siembra nubes

 

CONCLUSIÓN

La lluvia artificial desborda los carnavalesA modo de conclusión, formularemos unas preguntas generales para promover la reflexión en nuestros lectores.

¿No se le ha privado, a una región concreta, de una lluvia que de un modo natural le pertenecía, pues la nube fue drenada antes de llegar a su «destino»?, ¿qué efectos causan los productos químicos utilizados en la producción de lluvias sobre las fuentes naturales de agua, sobre las plantas y sobre los animales?

Todas estas cuestiones de difícil respuesta condicionan a los científicos sobre la legitimidad de su intervención en la modificación del tiempo. La cuestión ha sido debatida por la Organización Naciones Unidas (ONU), sin que haya tomado una decisión definitiva. Son ya muchos los pleitos planteados ante este organismo sobre si una nube (o su lluvia) «pertenece» al lugar que cubre o si debe dejarse que la naturaleza actúe libremente.

¿Tenemos derecho a hacer que caiga mucha lluvia en el oeste de un país (de naturaleza árida), a expensas de debilitar las lluvias en su zona oriental?, ¿es lícito debilitar la fuerza de un huracán o desviarlo hacia el océano, si para evitar sus daños materiales, hemos impedido que alcance, ya debilitado, una zona de baja presión en la que habría descargado sus aguas, de las cuales depende la supervivencia de una población?, ¿Podemos modificar la trayectoria de las tormentas y secar una región a expensas de favorecer con las lluvias a otra?

Por otra parte, ¿qué efectos producen las sustancias químicas cómo el yoduro de plata, utilizados en la producción de lluvias, sobre el agua de ríos, lagos o mares, sobre las plantas y sobre los animales?, ¿sería lícito proyectar grandes lluvias en el oeste de un país, de naturaleza árida, a expensas de debilitar las lluvias en su zona oriental?

Muchas preguntas sin resolver y con una respuesta que se nos antoja tan complicada como controvertida en un asunto tan desconocido por la población general como es la lluvia artificial.

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