Mínimos solares y clima de la Tierra, una relación no comprobada

Para avalar de alguna manera la idea que defiende una posible conexión entre baja actividad solar y enfriamiento del clima en Europa y Norteamérica, cabría aportar algunos datos que, lejos de arrojar luz, alimentan las dudas ya existentes.

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Interesado en el descubrimiento de un nuevo planeta dentro de la órbita de Mercurio, y llamado provisionalmente Vulcano, Samuel Heinrich Schwabe (1789-1875) cae en la cuenta durante el largo periodo de 17 años, en el que se prolongaron sus observaciones, de la existencia de las manchas solares y sus variaciones regulares. Creía el naturalista, astrónomo y botánico alemán, que la dificultad para la observación de Vulcano se debía a la proximidad de este hipotético planeta al astro rey.

En el trabajo de búsqueda de Vulcano, Samuel Heinrich Schawabe se percató de que la periodicidad en el comportamiento de las manchas solares atendía a un ciclo de 11 años. Las manchas más oscuras se refieren a zonas en las que hay menos temperatura y una intensa actividad magnética. Las manchas solares indican un periodo de máximo solar y de gran actividad magnética y la ausencia de ellas, evidencia un periodo de mínimo solar.

Esta pequeña introducción sobre la naturaleza de la actividad solar, nos servirá para abordar de forma sucinta el tan curioso, como interesante, fenómeno de los mínimos solares y que, algunos de ellos, han coincidido con periodos inusuales de bajas temperaturas en el hemisferio norte del planeta. Un ejemplo lo encontramos entre 1645 y 1715, cuando las manchas solares prácticamente desaparecieron de la superficie solar, contabilizándose tan solo 50 manchas solares durante 30 años.

Este episodio se conoce como el Mínimo de Maunder y hace honor a su descubridor, Edward Walter Maunder, un astrónomo inglés que en 1893 descubrió este evento de la climatología espacial, y que no pocos investigadores han intentado vincular, causalmente, a la ocurrencia de una pequeña Edad de Hielo. Para avalar de alguna manera la idea que defiende una posible conexión entre baja actividad solar y enfriamiento del clima en Europa y Norteamérica, cabría aportar algunos datos que, lejos de arrojar luz, alimentan las dudas ya existentes.

Considerando los hechos documentados, debemos señalar que, precisamente durante el Mínimo de Maunder y después de registrarse un invierno extremadamente frío en Inglaterra, entre el año 1683 y 1684, tan solo dos años después tuvo lugar el quinto invierno más cálido, en 350 años de registros climáticos en país británico. En cambio, los mínimos solares, uno anterior al Mínimo de Maunder, el de Spörer (1420-1550) y otro posterior y que conocemos como el mínimo de Dalton (1790-1830), coincidieron con periodos mucho más fríos de lo normal en el hemisferio norte.

La correlación entre la escasa actividad solar y su incidencia sobre el clima del planeta, por lo tanto, no está clara. A las puertas de lo que los científicos de la Nasa predicen como un inminente periodo de recesión de la actividad solar, nada indica que este fenómeno vaya a significar la entrada en una “mini Edad de Hielo”, es más, la Agencia Espacial Americana en su blog Ask Nasa Climate aclara que, aunque un mínimo solar durara un siglo, las temperaturas globales seguirían aumentando, significando el mínimo solar, si acaso, una forma de compensar unos pocos años de calentamiento causado por las actividades humanas, ya que la quema combustibles fósiles es seis veces mayor que el posible enfriamiento durante décadas de un mínimo solar prolongado.

 

 

 

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