MIL OCHOCIENTOS Y HELADOS A MUERTE: LA ERUPCIÓN DEL TAMBORA

0 1.086

Tuve un sueño, que no era del todo un sueño.
El brillante sol se había extinguido, y las estrellas
Vagaban apagándose por el espacio eterno,
Sin rayos, sin rumbo, y la helada tierra
Oscilaba ciega y se oscurecía en el aire sin luna;
La mañana llegó, y se fue y llegó, y no trajo el día…

Lord Byron Oscuridad

 

 

En abril de 1815, la erupción del Tambora, situado en el archipiélago de Indonesia, se convirtió en la erupción volcánica más importante del último milenio. La explosión se escuchó a más de 2500 km de distancia, haciendo volar por los aires 160km3 de materiales, emitiendo a la atmósfera millones de toneladas de cenizas y otras 60 de SO2, con una columna eruptiva de 43 km de altura. Se calcula que, entre la erupción, la nube de cenizas generada en 600 km a la redonda y el posterior tsunami, pudieron morir cerca de 80.000 personas, pero la historia de terror no había hecho más que comenzar. En las grandes erupciones se inyectan en la estratosfera derivados de azufre (SO2 y H2S), que alterarán el clima a nivel global durante un corto periodo de tiempo, de uno a tres años, siempre y cuando la erupción sea explosiva y próxima al ecuador. Estos derivados de azufre formarán aerosoles de sulfato que afectarán a la radiación solar entrante y a la circulación atmosférica.

 

¿Cómo actúan?

Una parte de la radiación solar incidente es reflejada en el espacio, aumentando el albedo terrestre (porcentaje de radiación que cualquier superficie refleja respecto a la radiación que incide sobre ella) y disminuyendo la que recibe la tierra, con un efecto de enfriamiento próximo a 1 o 2 grados a nivel global que puede durar varios años. En la imagen vemos las anomalías causadas por la erupción del Tambora en Europa en verano de 1816, llegando hasta los 3 grados negativos. En azules anomalías negativas. En rojo positivas. Fuente: NOAA.

 

Anomalía de temperatura tras la erupción del Tambora

Por otra parte, la mayor inercia térmica de los océanos —el agua es peor conductor del calor— hace que ese enfriamiento sea mayor en tierra, lo que provoca un debilitamiento de los vientos monzónicos en verano, tanto en Asia como en África. Además, este debilitamiento del monzón africano se acaba reflejando también en un debilitamiento del anticiclón de las Azores, favoreciendo el transcurso del tren de borrascas más al sur, afectando de pleno a Francia y Centroeuropa.

La combinación de temperaturas más bajas y mayores precipitaciones en el verano de 1816, con nevadas en Italia incluso en el mes de junio, e inundaciones, grandes tormentas y granizadas que se prolongaron hasta finales de septiembre, llevó a la destrucción de cosechas, en lo que se conoce como el año sin verano. Si lo trasladamos a una Europa desolada por las guerras napoleónicas, los efectos colaterales de la erupción del Tambora fueron la puntilla que vino a desatar hambrunas y necesidad por casi todo el continente, situación que persistió durante tres años. Tanta hambruna desembocó en grandes movimientos migratorios, en especial de irlandeses, casi 20.000, que perdieron las cosechas de patatas, así como otros tantos o más alemanes y suizos, que vagaban por los campos en 1817, el año de los mendigos, comiendo huesos de animales muertos, raíces y hierbas camino de Holanda para embarcar a América. Sin embargo, muchos no lo lograron e incluso algunos fueron devueltos en caliente desde el otro del Atlántico, ya que las mismas circunstancias meteorológicas se repetían en la costa este americana, con destrucción de cosechas, por lo que no había suficientes alimentos para todos. Allí donde la situación fue tan solo un poco más benévola, Francia e Inglaterra, se dieron grandes movimientos de protestas y revueltas, desembocando todo ello en las primeras medidas sociales de los gobiernos para paliar la situación de los más necesitados.

En Asia, no corrieron mejor suerte y, aunque no existe consenso al respecto, pudo provocar el surgimiento y expansión de una de las mayores epidemias de cólera de la historia en la India, llegando hasta Moscú, mientras que en China parte la población se dedicó al cultivo de opio como único medio de supervivencia, desembocando años más tarde en las guerras del opio.

Las cifras varían de unas fuentes a otras, pero en total, entre causas directas e indirectas, se estima que la erupción del Tambora pudo dejar varios centenares de miles de víctimas.

 

Un volcán con mucho arte

Sin embargo, y a pesar de tanta desolación, la erupción del Tambora también tiene una cara amable, siendo motivo de grandes manifestaciones artísticas y literarias, e incluso de ingeniería. En efecto, en ese año sin verano Lord Byron se asentó en Villa Diodati en el lago Lemán de Ginebra, junto con su médico personal Polidori, huyendo del escándalo en Inglaterra por su condición de bisexual. Allí llegaron también Claire Clairmont, enamorada de Lord Byron, con el que acabaría teniendo un hijo, acompañada de su hermanastra Mary Godwin y el entonces su amante y más tarde marido Percy Shelley, quienes fueron admitidos por el interés personal de Lord Byron por éste último, también poeta.

Las condiciones atmosféricas fueron terribles esos días, con grandes tormentas, lo cual llevó a conversaciones acerca del galvanismo, o resucitamiento de animales y personas mediante la aplicación de corrientes eléctricas, o también a contar historias de terror, mientras el láudano corría a raudales. Y de ahí pasaron a la acción, se retaron para ver quien escribía la mejor historia de terror. Lord Byron nos dejó el poema oscuridad, cuyos versos iniciales han podido leer al principio de este trabajo, y la sorpresa vino de Mary Gopdwin, Shelley de casada, quien, entre las pesadillas del láudano, las tormentas y el galvanismo, acabó alumbrando una de las criaturas más terroríficas de la historia de la literatura: “Frankenstein”. El amigo y médico personal de Byron, Polidori, no anduvo a la zaga y nos dejó “El Vampiro”, fuente de inspiración del “Drácula” de Bram Stoker. Por tanto, Frankenstein y Drácula bien podrían tildarse de hijos del Tambora.

Pero las erupciones volcánicas, sus cenizas en concreto, también pintan los cielos de un colorido especial y fantasmagórico, y William Turner, el pintor de la luz, los reflejó de manera magistral, dejándonos auténticas maravillas como La Valerosa Téméraire, entre otras muchas.

La Valerosa Téméraire. William Turner

Por otra parte, el frío reinante durante tres años acabó por estropear el órgano de la iglesia de San Nicolás de la localidad austriaca de Oberndorf, cerca de Salzburgo y su párroco se vio en la necesidad de buscar alternativas para la misa del gallo de 1818, surgiendo así un villancico mundialmente conocido: Noche de Paz.

De nuevo los problemas derivados de la erupción del Tambora, y en concreto la falta de forraje para alimentar a los caballos, o la falta de los mismos, para paliar la hambruna de la población, unido a lo intransitables de los caminos por las lluvias, llevó a Karl Freiherr von Drais (1785-1849) a inventar la Draisiana, el primer vehículo de tracción humana, precursor de la bicicleta.

 

 

¿Podría repetirse una erupción tan potente?

Por supuesto que sí, el cuándo, ya es otra cosa. Candidatos los hay, pero para terminar comentaremos aquellos que pueden provocar erupciones todavía más catastróficas, los supervolcanes, más de diez veces más potentes que el Tambora y entre los que destaca el archiconocido Yellowstone. Para imaginar sus efectos basta recordar la erupción del Toba, hace 70.000 años, que estuvo a punto de extinguir a la humanidad, prolongando durante más de una década sus efectos sobre el clima, mucho más severos que los del Tambora, y dejando tan solo 10.000 parejas reproductoras en todo el mundo. Podemos decir que todos somos hijos del Toba.

Bibliografía
  • Bicentenary of the Great Tambora Eruption: Implications for Stratosphere-Troposphere Processes. SPARC newsletter n° 45 – July 2015
  • The Volcano That Changed the Course of History. Wood, Gillen D’Arcy. The conversation. 2014
  • Weather, Famine, Disease, Migration and Monsters: 1816-1819. Chuck Hudson. 2015
  • 1816, el año sin verano. Benito Fuentes. Blog de la Agencia Estatal de Meteorología. Junio 2016. https://aemetblog.es/
  • La pequeña edad de hielo. Cómo el clima afectó a la historia de Europa 1300-1850. Brian Fagan. Gedisa. Barcelona 2009
  • Noche de Paz post-volcánica. Jose Miguel Viñas. Tiempo.com. 2018 https://www.tiempo.com
  • Las erupciones volcánicas. Climatología. Página web ACANMET www.acanmet.org
Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.