LA RIADA DEL ESTE DE LA PALMA DE 1957

LA MAYOR TRAGEDIA NATURAL EN CANARIAS EN EL SIGLO XX

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El 16 de enero de 1957, ocurrió la mayor catástrofe natural del siglo en Canarias en cuanto a víctimas. Dejó en un segundo plano los importantes daños causados poor las fechas por los vientos huracanados de 1956 y la erupción de San Juan de 1949, probablemente una de las causas de las fuertes escorrentías. Un robusto frente frío, que recorrió el archipiélago de noroeste a sureste, descargó una fuerte tromba de agua sobre la Cumbre Vieja durante varias horas, origen del tremendo aluvión de agua, barro, piedras y troncos que discurrió en la madrugada de aquel día por los barrancos desbordados de Amargavinos, Aduares y Aguasencio, en el este de la isla de La Palma. Se contabilizan veintiocho víctimas mortales.

Los modelos de aquellos días nos muestran un frente frío muy activo cruzando el archipiélago, asociado a un centro de bajas presiones en superficie, en la zona del estrecho de Gibraltar. En capas altas teníamos un embolsamiento frío relativo. Este trágico episodio, ha puesto de manifiesto el poder y la influencia del relieve. Las áreas montañosas actúan como núcleos orográficos que favorecen el efecto de disparo vertical y los procesos termoconvectivos generadadores de lluvias torrenciales. Ese núcleo orográfico fue Cumbre Vieja y las zonas de medianías arrasadas, pobladas y en suelo volcánico reciente el este de La Palma (erupción del Nambroque año 1949)

Las corrientes de agua se encauzaban por los barrancos de Aduares, Amargavinos y Aguasencio, pero llegó un momento en el que sus cauces resultaron insuficientes y, cuando el caudal se desbordó, encontró su camino favorecido por la pendiente. Los pluviómetros marcaron aquel día los datos más elevados en San Andrés y Sauces, 400 mm en dos días, que los de la zona: 243 mm se midieron en 24 horas en Santa Cruz de La Palma.

Es la cara nefasta de la meteorología. El hombre canario siempre pendiente de los acontecimientos meteorológicos se encuentra con la desdicha en la puerta de aquellas precarias viviendas. Primero el volcán y 8 años después el diluvio. Quizá la fuerte erosión ocasionado por los piroclastos de la erupción, alguna relación tuvo. ”Isla mártir”, “agua y fuego”, fueron significativos titualres de la prensa nacional aquellos días. El temporal se cebó, especialmente, con el barrio de Los Llanitos, cuyo puente quedó taponado por piedras y troncos, causando la destrucción de esta localidad. “Era un huracán; los árboles volaban y el barranco se llevaba a la gente”, relataron algunos supervivientes. De los 28 fallecidos, según las cifras oficiales (aunque algunas fuentes elevaron el número a 32), la mayoría residía en el municipio de Breña Alta. Hasta veintidós vecinos fueron arrastrados barranco abajo. Algunos fueron sorprendidos cuando regresaban a sus casas para salvar in extremis sus pertenencias más valiosas. Las víctimas restantes eran naturales de Breña Baja y Mazo. Además, los municipios de Fuencaliente, El Paso y Los Llanos de Aridane también sufrieron el zarpazo del temporal. En la crónica del periódico Diario de Avisos, publicada dos días después de la tragedia y firmada por Domingo Acosta Pérez, se informaba de la muerte de cinco personas y la desaparición de 23

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