Fenología: la climatología que no está en los móviles o en los ordenadores.

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Hoy en día, todos queremos ver en la pantalla de nuestro dispositivo móvil o en la pantalla del ordenador, cómo va a estar el tiempo en un periodo determinado. Pensamos que este año hace más calor que el año pasado, o que ha llovido más o menos. En mi opinión, considero que hemos perdido la capacidad de observación de nuestro medio natural.

Foto 1. La observación necesita de toda su extensión.

Ahora, que se habla de vigilar el cambio climático mediante una red  de sensores y una serie de tecnologías, algo que permitiría obtener indicadores de estos cambios, no debemos olvidar una realidad histórica: desde que el hombre dejó de ser nómada y fundó los primeros asentamientos, necesitó de la agricultura y de la ganadería; la observación del comportamiento de las cosechas y de los rebaños, como el de las épocas de siembra, recolección, reproducción de los animales, polinización, se relacionó con los acontecimientos meteorológicos.

Foto 2. Los agricultores han observado de siempre el comportamiento de sus cosechas

Las plantas y, sobre todo los árboles, que se sitúan en un territorio a lo largo de mucho tiempo, en lo referente a su morfología como a su biología, encontramos  modificaciones producidas por las variables climáticas, como la temperatura (termoperiodo), la humedad, la insolación (fotoperiodo), el registro de precipitaciones (sequías o periodos húmedos). Se trata de recoger datos cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, durante muchos años de esas variables climáticas y reducirlas a valores medios representativos de ese lugar.

La observación de la morfofisiología a lo largo de un ciclo anual, en relación con la meteorología y la climatología, nos proporciona datos importantes relativos al clima y  su variación  a lo largo del tiempo. Por lo tanto, la observación de las fechas que marcan los ciclos biológicos en plantas y animales ha sido una pauta seguida por el hombre desde aquel momento.

Foto 3. Las variaciones en los fenómenos atmosféricos afectan directamente en la naturaleza.

Fue en el siglo XVIII, cuando se comienzan a realizar estas observaciones con un criterio o método común generalizado. Son varios los meteorólogos, ingleses, franceses, suecos los que comienzan con experiencias a finales de este siglo. A principios del XIX se crean las primeras redes de observación y fue el botánico Lieje Ch. Morreu quien usó, en 1850, el nombre de fenología para designar este tipo de observaciones en la naturaleza. Se puede considerar que no fue hasta 1935, cuando se normalizó, a nivel europeo, el establecimiento de un número relativamente abundante de estaciones de observación, en la Comisión de Meteorología Agrícola de la Organización Meteorológica Internacional.

A nivel mundial, cabe destacar el papel del grupo de trabajo creado en 1993, en Canadá, a raíz del XII Congreso de la Sociedad Internacional de Biometeorología, y que entre sus objetivos estaba la de crear una red mundial de observación fenológica en parques nacionales, reservas de la biosfera, encaminadas a la detección y seguimiento del cambio climático.

En España, el primer lugar donde se realizaron redes de observación fue Cataluña y Baleares a finales del siglo XIX, destacando la labor de D. José María Lorente Pérez, quien en 1934, impulsó los trabajos de fenología como parte de la climatología, e hizo un llamamiento a los aficionados  a la naturaleza para confeccionar un mapa fenológico de España. Otra contribución importante fue la de D. José Batista Díaz, quien creó un manual donde fundamentaba el interés de la fenología y hacía un llamamiento a la colaboración de los observadores de las estaciones meteorológicas, organismos dependientes del Ministerio de Agricultura y, en general, de personas que vivieran en contacto con el campo en beneficio del conocimiento del clima.

Foto 4. Atlas, observaciones fenológicas, ministerio del aire, 1943.

De los trabajos de estos, surgió el calendario Meteoro-Fenológico, en cuyo primer ejemplar se insistía en la importancia de la fenología y en la colaboración, además de presentar normas e instrucciones y la lista de especies a observar.

Como podemos ver, la periodicidad de los elementos climáticos (temperatura, precipitación, radiación, etc.) trae como consecuencia una periodicidad análoga en la vida orgánica y la ciencia que estudia la relación entre estas dos periodicidades es la fenología, que proviene de dos vocablos griegos “phaenomenon” (fenómeno) y “logos”(estudio o conocimientos).

Los vegetales reaccionan ante los cambios del medio circundante, con la aparición o desaparición de órganos (brotes, flores, frutos, etc). Estas transformaciones en fenología se denominan Fase. Las fases a observar dependerán de la especie a tratar, pero en general se ajustan a fases vegetativas (brotación, foliación, amarilleo y caída de las hojas, etc.) y reproductivas (floración, maduración, etc).

Fotos 5 y 6. Fase F, flor abierta de dos variedades de almendro de la isla de La Palma.

La finalidad de de analizar estos procesos biológicos y relacionarlos con datos meteorológicos es el de realizar estudios bioclimáticos, que en el caso de la agricultura racionaliza los cultivos, determinando las zonas aptas para los mismos y el conocimiento de sus límites ecológicos.

De igual manera que conocemos en meteorología los mapas de isobaras (lugares unidos mediante una línea con igual presión atmosférica) o los de isotermas (lugares unidos con la misma temperatura), de las observaciones fenológicas tenemos los mapas de isofenas (lugares unidos con el mismo fenómeno fenológico), como es la floración del almendro uno de los más reconocidos y utilizados. Estos mapas de isofenas pueden ser utilizados como descriptores del clima de un lugar. A partir de tener un numero importantes de observaciones y de largos periodos de observación, se puede realizar un análisis denominado isokarias, que son líneas de igual anomalía con respecto a la media, es decir, poder medir el adelanto o retraso de las fases morfobiológicas con respecto a la normalidad.

Foto 7.  Mapa de isofenas según fecha media de floración del almendro a escala nacional. En Canarias, al giual que en puntos del sur y este de la península. En Canarias, la fecha media es entre el 1 de Enero y 1 de Febrero.

Las observaciones fenológicas han sido realizadas, normalmente, por los colaboradores o gente relacionada con el campo o la actividad agraria. Con el paso del tiempo prácticamente este tipo de estudios han sido relegados a los observadores de la AEMET, como puede ser el caso de Rubén del Campo, el cual ha realizado uno con respecto a la flora del Parque del Teide.

Es fundamental volver a la observación para entender mejor los cambios que se producen a nuestro alrededor. Se hace necesario crear de nuevo el cuaderno del observador, y que todo aquel que tiene interés por la meteorología, tanto aficionados como observadores de la naturaleza, técnicos forestales o agrícolas, volvamos los ojos a la naturaleza y aprendamos de ella.

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