¿Es la lluvia intensa un problema?

Puerto del Rosario (Fuerteventura) octubre de 2018.
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Ha llegado el otoño y, con él, las primeras lluvias de la temporada meteorológica. Aunque atendiendo a los datos, la copiosidad de las precipitaciones acumuladas no parece determinante, empiezan a aparecer problemas como riadas, inundaciones, desbordamiento de barrancos y desprendimientos, situación que sugiere la elaboración de una serie de preguntas: ¿cuánto debe llover para que aparezcan estos problemas?, ¿una misma cantidad de lluvia afecta igual a toda una isla?, ¿a todas las islas?, ¿es lo mismo que precipite 15 litros/hora, por ejemplo, en Tenerife, en Gran Canaria o Fuerteventura?, ¿son similares las consecuencias derivadas al llover con la misma intensidad en Garafía que en Antigua?, ¿posee el mismo valor un aviso de 15 litros/h para todo el archipiélago?

La respuesta adecuada a estas preguntas es un tanto compleja, ya que aquí intervienen varios factores que, a continuación, paso a enumerar:

[dfd_icon_list icon_color=»#2e9612″ del_height=»1″ main_style=»style-3″ font_options=»font_size:16|color:%23565656″][dfd_icon_list_item icon=»dfd-icon-thermometer_50″]Los factores meteorológicos que son principalmente dos: la precipitación y la temperatura.[/dfd_icon_list_item][dfd_icon_list_item icon=»dfd-icon-map_way»]Factores geográficos, destacando lo que denominaremos cuenca.[/dfd_icon_list_item][dfd_icon_list_item icon=»dfd-icon-small_humidity»]Factores hidrológicos, como son la permeabilidad de los terrenos.[/dfd_icon_list_item][dfd_icon_list_item icon=»dfd-icon-leafs»]Factores biológicos, relacionado con la cubierta vegetal.[/dfd_icon_list_item][dfd_icon_list_item icon=»dfd-icon-warehouse»]Factor humano: acumulación de población e infraestructuras necesarias para el bienestar de esa comunidad.[/dfd_icon_list_item][/dfd_icon_list][dfd_spacer screen_wide_resolution=»1280″ screen_wide_spacer_size=»30″ screen_normal_resolution=»1024″ screen_tablet_resolution=»800″ screen_mobile_resolution=»480″ screen_normal_spacer_size=»20″ screen_tablet_spacer_size=»10″]

Vamos a ir desgranando cada uno de ellos y viendo su influencia de manera individual y finalizaremos con una visión de conjunto que nos muestre claramente que ocurre en cada caso.

El factor humano es, bajo mi opinión, el más complicado de explicar y, en consecuencia, de hallar una respuesta. La población de Canarias, según los datos del ISTAC del año 2017, era de 2.108.121 habitantes, de los cuales el 82,4% se encuentra en las islas centrales y el 27,5 % en las dos capitales de la provincia. Por otro lado, vemos que junto a estos núcleos de población se encuentran otros que, no tienen una delimitación del término municipal clara, como es el caso de Santa Cruz de Tenerife y San Cristóbal de la Laguna. Además, podemos observar que los núcleos que aglutinan mayor número de personas en Canarias, se encuentran en las zonas de costa, aprovechando que muchos son o han sido espacios turísticos. Todos estos espacios urbanos, poseen sus infraestructuras de comunicación entre ellos y dentro de los mismos: avenidas, calles, plazas, carreteras, edificios, casas, y otras infraestructuras. Todas ellas impermeables a las lluvias, es decir, que producen escorrentía, canalizable hacia la recogida de pluviales y que no debería confundirse con el alcantarillado sanitario. Prácticamente podemos considerar que “el núcleo urbano” es un lugar impermeable a la lluvia.

Panorámica de Las Palmas de Gran Canaria
Santa Cruz de Tenerife (Tenerife) febrero de 2010.
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Vamos con el segundo factor, el geográfico, que he querido denominar cuenca, entendiendo como tal a una zona donde confluyen las escorrentías de manera natural, el punto en el que, por pendiente y morfología del relieve, desembocan las aguas. En algunos casos, es una amplia zona que se interconecta con otras, los casos más claros son La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria, y seguro que algún otro punto de nuestra geografía, que al lector se le van a venir a la mente.

Puerto de La Cruz (Tenerife) octubre de 2018.

Un tercer factor es el hidrológico, es decir, cómo el agua se infiltra en el suelo, cómo de permeable es al paso del agua, teniendo suelos muy permeables como los suelos de arenas volcánicas (lapillis), suelos menos permeables como las arcillas y suelos impermeables como los basaltos. Amén de los suelos artificiales, creados por el hombre como son, por ejemplo, aceras, calzadas, impermeables totalmente. Además, dentro de cada isla tenemos diferentes suelos dependiendo de la edad geológica de la isla, del vulcanismo reciente o de la propia erosión. Así tenemos zonas de complejo basal, donde predominan los basaltos impermeables y zonas más permeables, procedentes de suelos sedimentarios de terrenos evolucionados a lo largo del tiempo. Dos ejemplos claros de lo que estoy exponiendo, lo tenemos en el municipio de Antigua, en Fuerteventura, con un conjunto de montañas de complejo basal en el contexto de una isla muy antigua, que hace que sus suelos sean muy impermeables a las lluvias, o el Barranco de Las Angustias en La Palma, en el que, su complejo basal, provoca que con poca cantidad de precipitación lleve una cantidad de agua apreciable.

Puerto del Rosario (Fuerteventura) octubre de 2018.
Barranco de Las Angustias (La Palma) febrero 2017.
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Un cuarto factor es el biológico, es decir, la vegetación. La densidad de la misma y su estructura (edad y permanencia), influyen en el proceso de infiltración del agua. La velocidad de infiltración, en suelos forestales, es superior a la de los suelos agrícolas y no digamos a la de suelos urbanos. Por otro lado, una elevada cantidad de materia orgánica favorece los niveles de infiltración en el suelo. La acción de las raíces proporciona espacios que aumentan la infiltración del agua, evitando “encostramientos superficiales” que aumenten la impermeabilidad de los suelos.

Panorámica de San Antonio del Monte (Garafía–La Palma).

 

Y curiosamente, he dejado para el final el factor meteorológico, considerando que en él está el meollo de la cuestión. Parece que la lluvia es el problema, al no poder cuantificar su intensidad y duración. A continuación, vamos a desarrollar este punto de los factores meteorológicos (temperatura y precipitación).

La temperatura, que no afecta tanto, considerándolo un punto clave en la evaporación afectando a la capacidad de infiltración del agua. Un suelo frío es más impermeable que un suelo cálido.

En cuanto a la precipitación, debemos aclarar varios aspectos. Por una parte, se denomina precipitación efectiva al agua que se infiltra en el terreno, el resto de la precipitación es escorrentía, por lo tanto, tendríamos una relación entre la precipitación total y la infiltrada, que depende de varios factores, unos relacionados con la propia precipitación como la cantidad, intensidad y distribución en el tiempo y otros que se empiezan a relacionar con los puntos anteriores: tipos de suelos (forestales, agrícolas, urbanos), coberturas vegetales, cuenca geográfica.

 

Normalmente, las lluvias inferiores a 10 litros/hora o a 20 litros acumulados en 12 horas, la consideramos precipitación efectiva, es decir, que es absorbida por los suelos, tanto forestales como agrícolas, en cambio, en los suelos urbanos estas precipitaciones son recogidas por el alcantarillado. Son las que denominamos lluvias tranquilas.

Cuando la intensidad de la lluvia pasa de 15 litros/hora o acumulados de 40 litros en 12 horas, empiezan los problemas con las lluvias y se decretan los avisos:

¿La copiosidad de las precipitaciones, es por lo tanto la causa principal de la ocurrencia de los problemas anteriormente citados? Pues no lo creo. Depende de la suma de los factores que he desgranado en este artículo, no olvidando que los problemas más importantes, se darán en lugares en los que exista poca o nula cobertura vegetal, terrenos impermeables (suelos urbanos) o muy poco permeables, como suelos muy erosionados o basálticos o en zonas en las que haya una importante cuenca.

Por lo tanto, si las lluvias intensas se dan en áreas urbanas de alta concentración de vías y construcciones, a la que sumamos una pendiente y una amplia cuenca, estamos ante el caldo perfecto para la escorrentía y las inundaciones.

En otros casos, se debe a la alta erosión de los suelos, la impermeabilidad de los mismos. La escasa cobertura vegetal da como resultado, fuertes escorrentías con daños en infraestructuras, vías, vehículos, etcétera.

Por lo tanto, luchar contra la desertización, aumentar coberturas vegetales y definir cuencas más amplias e interacciones entre las mismas, a la hora de definir las redes de recogida de pluviales, son las medidas a nuestro alcance. Las lluvias nunca deben ser el problema.

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